Luces y sombras

  • ¡¡Mira en dónde han estado estos cabrones!!, ¿¡qué pasada verdad!?

Martina le enseña a Berto, su novio, las fotos que una pareja de amigos han colgado en una red social. Berto levanta la mirada.

  • ¿Pero no decías que estaban fatal y lo iban a dejar?
  • Sí, pero se les ve bien en la foto…

¿Hay alguien que muestre sus miserias en una foto? ¿Alguien publica fotos llorando? ¿Mostraré lo mal que está mi relación en una instantánea? ¿Transmitiré mi infelicidad o tristeza?

Vivimos en una sociedad translúcida en la que cada individuo enseñará sólo lo que quiere que veas. Cada día nos escondemos en universos paralelos de las redes sociales para proyectar lo bien que lo pasamos, los viajes que hacemos o cuánto nos quiere nuestra pareja pero… ¿Es esto real? O es que a lo mejor vivimos en una sociedad que cada vez tiende más al paralelismo virtual para esconder nuestra cruda realidad.

Cuando éramos pequeños jugábamos el mayor número de horas posible al fútbol y cuando la climatología no lo permitía jugábamos a la consola, el placebo que nos saciaba nuestro hambre real por el balón. Pero todo eso se ha transformado: los videojuegos de fútbol, las redes sociales o el sexo virtual deberían ser meros actores de reparto, pero la realidad nos dice que se han convertido en los actores principales.

¿Qué puede haber más real que jugar al fútbol, socializar en la calle o tener sexo real? ¿Hacia dónde carajo vamos? No es broma; jugarán 4 horas a la consola, chatearán y compartirán fotos 4 horas y practicarán sexo con máquinas.

Este es el futuro que nos queda: jóvenes promesas estampadas contra sí mismas. No hay nada más real que la realidad, ¿o acaso lo dudas?

GluGluPark
Algo más que tiempo.

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