Divulgaciones faraónicas

Los smartphones, cámaras y redes sociales han cambiado la forma en la que entendemos la cultura de viajar o, mejor aún, sus mecánicas. Lo podemos ver todos los días en cualquier punto de relevancia turística. Lo más importante, o eso parece, es sacar la foto perfecta para subirla a Instagram o canales de divulgación similares. Pero esa foto perfecta, de búsqueda de ángulos, luz, íntima y repetida hasta la saciedad, dilapida de un plumazo el placer del momento y por ende la experiencia visual. ¿Dónde ha quedado «la mirada del turista» de John Urry? ¿Pero por qué lo hacemos? ¿Reconocimiento? ¿Placer? ¿Compartir? ¿Por qué nos ponen flores en el camino que no podemos oler? O mejor dicho, ¿para qué buscamos flores si no queremos olerlas?. La respuesta no es sencilla , pero lo que parece claro es la conversión del ser humano en un mero esclavo del tiempo, o lo que es peor ,un fracasado del momento.

Es probable que lo hagamos por custodiar nuestros recuerdos a buen recaudo, pero, ¿se puede inmortalizar el placer?

El placer es algo íntimo, privado, que no se comparte globalmente. No tenemos duda que las nuevas tecnologías han robado tiempo a los placeres en todos los aspectos y que los instintos primarios se han rebautizado en basura tecnológica.

Comer, conducir, leer, beber, viajar, amar, conocer… no tienen sitio para tu cámara ni para tu móvil.

GluGluPark
Algo más que tiempo.

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